La expresión no es mía sino de la presentadora Tania Llasera, contagiada, claro, de la “enfermedad de moda”. “Todos lo vamos a pasar”, nos contamos unos a otros para darnos ánimos en medio de esta situación insólita, que nos tiene aterrados por completo, mientras van cayendo vacunados a nuestro alrededor.” La vacuna, entonces ¿para qué sirve?”, “Para no morirte, gilipollas”. Pero lo cierto es que parece que hasta algunos vacunados mueren y muchos otros lo pasan fatal. Menos o casi nada si ya tuvieron la visita del virus en sus cuerpos, por aquello, dicen —nadie sabe nada con certeza— de la inmunidad natural. En medio de toda esta broma de contagios diarios, los gobiernos europeos se están poniendo serios con las prohibiciones, restricciones e imposiciones, mientras en España aún no sabemos muy bien por dónde irán las cosas. Pedro Sánchez va a hablar con las comunidades para ver qué le cuentan. Bien, Pedro, eso de compartir las responsabilidades más feas es muy socorrido. Mientras mil y un expertos nos piden de rodillas que abandonemos las comidas de empresa, las reuniones multitudinarias, las celebraciones familiares y que no nos quitemos las mascarillas ni entre uva y uva, por Madrid, la ciudad hostelera más abierta, corre la leyenda de que cerrarán e impondrán y recortarán ¡después de Navidad! Es decir, justo a tiempo para que los picos de los contagios de la sexta ola se encuentren en lo más alto ya, sin remedio… ¿Qué pasará a partir de ahí? Pues saquen ustedes las bolas de cristal porque cada cual dice una cosa distinta. Los hay que opinan que bueno, sí, que Ómicron contagia lo más grande pero que, en realidad, los síntomas son mucho menos graves. Otros consideran que tendremos que convivir con lo que venga y que cada vez van a venir más virus, así que la vida de antaño —ese ayer tan lejano—, no regresará jamás. Unos cuantos repasan la historia y aseguran que, si el hombre sobrevivió a la peste mortal que solo tenía el incendio como solución, esto también pasará; y muchos vuelven a las teorías conspiranoicas sobre los malvadísimos chinos, cada vez más fuertes, cada vez más poderosos, cada vez más callados y más inquietantes. Las del 2021 no van a ser las mejores navidades de nuestra vida. Por covideñas, como las anteriores, y sobre todo porque parece que volvemos a informar de oídas, como al principio de la pandemia. Entonces los políticos nos ocultaron datos (recuerden que hace nada lo ha reconocido Yolanda Díaz, que por eso no fue a aquel tristemente famoso 8M); esperemos que ahora no se atrevan a hacerlo. Aunque ojalá alguien supiera algo de verdad y pudiera enseñarnos el camino por donde tirar, concreto y real. Con todo, Feliz Navidad. Covideña, pero Navidad…
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