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Eva Fancsali: “En la cárcel de México perdí al hijo que esperaba de mi pareja, Matías Cortés”

Publicado en La Razón

La expareja de Giorgio Aresu relata el calvario que sufrió al ser detenida tras la denuncia del coreógrafo bajo la acusación de sustracción de menores y cómo solo unos pocos confiaron en ella

Abandonada a su suerte durante cinco años con un niño pequeño primero, y detenida y encarcelada, acusada de secuestrar a su propio hijo después, Eva Fancsali, la madre del hijo pequeño de Giorgio Aresu, jamás se rindió. Siempre confió en que algún día se haría Justicia. Tras cinco interminables años de pesadilla, sus deseos se han convertido en realidad y ha sido absuelta. Ahora solo quiere que su hijo recupere la sonrisa.¿Cómo se encuentra, Eva?

Feliz, tranquila y serena al ver que, por fin, se ha hecho justicia.

Han sido muchos años duros. ¿Cuándo y cómo comenzó todo?

El 27 de abril de 2017, al salir de dejar a mi hijo Giorgio en el colegio, como cada mañana, aparecieron dos furgonetas de la policía mexicana y me detuvieron ante mi estupor. Al llegar a la comisaría de Policía me informaron de que, el padre de mi hijo, Giorgio Aresu, había interpuesto una demanda penal internacional por sustracción de un menor. Yo desconocía que tal demanda existiera…

Debió de ser durísimo verse detenida y no saber qué iba a pasar con su hijo ¿no?

Tenía solo 6 añitos… ¡Se me siguen saltando las lágrimas al recordar ese día!

¿Sospechaba que el proceso sería tan largo? ¿Qué tardaría tanto en volver a ver al niño?

En absoluto. Todo me pilló por sorpresa. Sobre todo que, después de mi detención, me ingresaran 42 días en una cárcel de máxima seguridad en México y luego me extraditaran a España, donde pasé 14 días entre una cárcel de Alcalá Meco y otra de Ibiza. En total fueron 8 meses sin saber absolutamente nada de mi hijo; no solo sin verlo, sino también sin tener ninguna comunicación con él. Después las visitas fueron de una hora cada quince días y con vigilancia de trabajadores sociales, en un punto de encuentro en Ibiza. Luego, poco a poco, el juzgado de instrucción las fue ampliando.

¿Cómo fue esa experiencia en la cárcel?

Terrible. No creo que nunca la pueda olvidar. Cuando me ingresaron, me quitaron mi ropa y mis pertenencias y me examinaron para ver si tenía tatuajes y otras marcas. ¡Me sentí tan abochornada! Luego me llevaron a una celda de 3 x 2, con una cama de metal y un mini lavabo y WC, sin espejo, supongo que para evitar riesgos de suicidio. Solo había una pequeña ventana por donde entraba algo de luz. Por lo menos tenía eso, porque no se me permitía salir al patio ni a ninguna otra parte. Tampoco visitas ni ningún tipo de comunicación con el mundo exterior. Solo 15 minutos al día para ducharme con agua fría, siempre bajo la vigilancia de una agente, y tres comidas muy básicas (sin nada de fruta) al día en la propia celda. Era el protocolo de la cárcel de máxima seguridad. Me pasaba los días y las noches llorando. ¡Me sentía tan sola! ¡Y el tiempo pasaba tan despacio! Para mayor tristeza, supongo que por la propia angustia, perdí al hijo que esperaba de mi pareja, Matías Cortes. Las condiciones sanitarias eran tan precarias que pensé que no podría volver a ser madre. Después de 42 días, mis abogados lograron sacarme de la prisión, bajo fianza, con la obligación de ir a firmar al juzgado de lo penal, durante dos meses. Estaba muy débil y muy triste. Había perdido a mi bebé, no estaba con mi hijo… ¡Menos mal que Matías me apoyaba, si no…!

¿Cómo continuó la pesadilla?

A los dos meses llegó mi extradición. Dos agentes de la Interpol me recogieron en México y me llevaron al avión de Iberia. Me dijeron que si no armaba ningún escándalo evitarían ponerme las esposas. Les dije que por supuesto no habría problema. Aún así, fue el viaje más largo de mi vida. Tras doce horas, me recibió en el aeropuerto de Madrid la Guardia Civil, para trasladarme a los calabozos de Plaza de Castilla. Antes me sacaron fotos y tomaron huellas en un lugar oscuro y sucio, que olía muy mal. (Era agosto y no había ventilación) Luego aguardé 7 horas en los calabozos, hasta que pasé a disposición de la jueza de Guardia, que me mandó a la cárcel de Alcalá Meco, donde pasé una semana, hasta que me trasladaron a la cárcel de Ibiza, escoltada por la Guardia Civil. Compartí celda (literas) en Alcalá Meco con una chica ciega y vagabunda, adicta a la heroína y medicada con metadona, que se pasaba el día dormida, y en Ibiza, con una mujer mayor. Podía pasear al aire libre y estaba permitida la lectura y algunos juegos de mesa. Aún así el tiempo parecía detenido y yo no dejaba de pensar en mi hijo.

¿Se sintió una delincuente viendo cómo se contaba su caso en los periódicos?

Jamás. Sabía perfectamente que no había hecho nada malo y en todo momento estuve convencida de mi inocencia. Me fui de Miami a México, donde tenía amigos y apoyos, porque tras nuestra ruptura, el padre de mi hijo me dejó sin recursos para poder subsistir. Respecto a los medios, entiendo que tienen que hacer su trabajo, pero me sorprendió que cuando me condenaron en primera instancia algunos dieran por sentado que iría a la cárcel sin remedio, aunque supieran que cabía el recurso que ahora hemos ganado y del que he salido absuelta.

¿Cómo llevó que implicaran en su caso a su amigo Colate Vallejo Nájera?

Me dolió mucho, porque lo único que hizo Colate fue intentar que Aresu entrara en razón, para que el niño no saliera perjudicado; pero Aresu no quiso escucharle e interpuso una demanda en Miami contra él. Le dieron la razón a Colate. Intentaron incluso vincularme sentimentalmente con mi amigo. Colate solo ha sido y es un amigo leal e incondicional.

¿Cómo consiguió sobrevivir psicológicamente a todo eso? ¿Quién la ayudó?

Mucha gente. No puedo mencionarlos a todos, porque la lista sería interminable, pero sí, a mi pareja, Matías Cortés, al padre de mi hijo mayor, Mariano Martínez Ramos, a mis abogados, Silvia Hinojal, Maximiliano Santos Ortega y Daniel Campos. A mi gran amigo Carlos Barceló, a todos los testigos que se desplazaron a pesar del Covid-19 desde México y EEUU al jucio celebrado en Ibiza. Y por supuesto, a ti, que fuiste la única persona que contó mi versión en TVE cuando solo se escuchaba la de Aresu. Gracias, Marta.

Ya que menciona al padre de su hijo, desde el ámbito de Giorgio Aresu se dijo que usted se separó de él, también fue acusada de sustracción del menor…

Cuando Mariano y yo nos separamos nos enfadamos y yo me fui con el niño a Ibiza. Tres semanas después, él fue a por él, y se lo llevó de vuelta a Mexico. Nos cruzamos demandas. Él a mí y yo a él. Pero, finalmente, ambos las retiramos. Además, nunca perdimos el contacto y Mariano jamás se desentendió de su hijo. De hecho, ha sido uno de mis principales apoyos en estos últimos cinco años. Eso es algo fundamental para mí.

¿Le dijo usted a su hijo Giorgino, que su padre había muerto?

No. No daré detalles, porque pertenecen a la intimidad de mi hijo. Solo le puedo decir que en la entrevista que le realizó la psicóloga forense tras mi detención, él dijo que tenía dos padres, uno con pelo largo que se llamaba Giorgio y otro (que ejercía como tal) que se llamaba Matias Cortés.

¿Cómo está el niño ahora?

Pues aún sigue confundido y tiene la mirada triste. Pero yo haré cuanto esté en mi mano para que recupere la sonrisa

¿Cada cuando lo ve?

Actualmente mi hijo y su padre residen en Altea y yo viajo a Alicante cada 15 días para recoger a Giorgino y que se venga a nuestra casa de Madrid los fines de semana. El domingo, lo dejo en el punto de encuentro en Alicante.

¿Y a día de hoy, cómo están las cosas con Giorgio Aresu?

Yo no he hablado con Aresu, pero sé que la fiscalía general de la república mexicana mantiene la petición de orden de aprehensión contra él, por el delito de tráfico de menores (equivalente al de sustracción en España). Esa petición la aporté yo en el juicio, y Aresu la conoce perfectamente.

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