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Buen viaje Alain Delon

ALAIN Delon ha hecho público su deseo de someterse a un suicidio asistido. De abandonar la vida. De morir. Y de inmediato en los cafés y en las redes, las conversaciones se han llenado de opiniones a favor y en contra del derecho de este hombre -y de cualquiera- a acceder a ese otro lado del camino que nos espera a todos, antes de que se lo señalen. De morir. Dignamente. Creo que nadie puede discutir la decisión de otro respecto a su propia vida y su propia muerte. Sobre todo, cuando se toma de manera consciente. Tengo algunas dudas respecto a ciertos testamentos vitales y a determinadas urgencias en las áreas de paliativos, donde a veces se opta por “dormir” a los pacientes que han firmado no querer entrar en el bucle de la degeneración, antes de que pueda producirse el milagro. Tampoco lo juzgo. En el caso de Delón ha habido aún más histeria que en otros, porque muy pocos se han preguntado por qué quiere morir un hombre que parecía tenerlo todo. El famoso efecto halo que provoca la belleza contamina tanto el resto, que conduce a creer que aquel que lo exhibe es bueno por todas partes y se encuentra bien en todos los aspectos de su vida. Porque Delón, el hombre más bello del mundo, ya no lo es tanto como cuando era joven, pero lo sigue siendo mucho más que el resto de los mortales a su edad. Y eso, invariablemente, nos condiciona. Lo que no nos planteamos, es que esa misma belleza inigualable del propio Delón en su juventud, también es más dolorosa cuando se pierde que en el caso de no existir. No quiero decir con esto que a los más bellos les cueste más envejecer, pero siempre ha sido más fácil pasar de la pobreza a la riqueza que viceversa y lo mismo pasa con la belleza. Con todo y sin mucho análisis, porque quién soy yo para decidir si son suficientes o pocos o muchos los motivos de otro, Delon, que no se ha pinchado, ni estirado, ni disfrazado, ni reinventado y aceptado su rostro y su cuerpo pasados los años, sin más ayuda que la de una buena alimentación el ejercicio y la genética -que no es poco- ha cumplido 86 años sin el amor de su vida que murió el año pasado tras un doloroso proceso de cáncer de páncreas y sin la eutanasia que solicitó pero que en Francia no es legal y tras dos ictus que le han dejado varias discapacidades. Y ha decidido irse con despedida incluida “Me gustaría dar las gracias a todos los que me han acompaña a lo largo de los años. Espero que los futuros actores puedan encontrar en mí un ejemplo no solo en el lugar de trabajo, sino en la vida cotidiana, entre victorias y derrotas”. Solo queda decirle adiós, darle lasgracias por haber compartido tanto talento y tanta belleza. Y desearle buen viaje.

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