Publicado en El Cierre Digital
La periodista saca la cuarta entrega del detective Tony Roures donde denuncia silencios históricos con bebés en el franquismo
Marta Robles (Madrid, 1963), periodista, escritora y presentadora con más de 35 años de trayectoria en prensa, radio y televisión, regresa con su novela «Amada Carlota» (Espasa, septiembre 2025). Esta obra es la cuarta entrega de la saga del detective Tony Roures.
La novela aborda uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente de España: los bebés robados durante el franquismo. Este suceso afectó a unas 300.000 familias entre 1938 y 1996.
Carlota Aguado, jueza y madre de una hija desaparecida, contrata al detective Roures para investigar su caso. La historia entrelaza tres líneas temporales y combina thriller, memoria histórica y reflexión social.
ElCierreDigital.com ha hablado con la periodista y escritora Marta Robles para conocer su proceso creativo. Así como la investigación que hay detrás de la obra y los retos narrativos de este proyecto.

– «Amada Carlota» aborda el escándalo de los bebés robados durante el franquismo. ¿Qué le llevó a elegir este tema tan doloroso y cómo logró equilibrar rigor histórico y suspense?
– Amada Carlota no se centra únicamente en el robo de bebés. Es una novela que incluye este tema, que comenzó en el franquismo y que desgraciadamente continuó al menos durante 15 años de la democracia. Pero quería contar la historia de los silencios de las mujeres; y de los secretos que tuvieron que guardar en distintos momentos de la historia de España.
Al investigar, descubrí casos como los del doctor Vallejo Lágera, que aplicaba teorías eugenésicas sobre madres republicanas. Fue doloroso constatar que algunos elementos de estas prácticas se prolongaron en la democracia y que la mayoría de los casos nunca fueron penados.
– Carlota Aguado es la protagonista y Tony Roures investiga el caso tan cercano a ella. ¿Cómo afecta esto a la dinámica narrativa?
– Es poco habitual que un investigador privado se dedique a un caso tan personal, pero aquí Roures lo hace. A medida que avanza en la investigación, se enfrenta a emociones intensas porque todo lo que descubre le toca de manera muy personal. Esto añade complejidad y profundidad al personaje, así como tensión emocional en la relación entre ambos.
La historia se desarrolla en tres espacios temporales. En 1995 ocurre el robo; pero es en la actualidad, cuando Roures y Carlota investigan. Y en su investigación se muestra la estructura de una familia de la burguesía franquista en los años sesenta. Esta arquitectura narrativa permite entender el contexto histórico y las consecuencias de las decisiones de la época.
– La crítica ha destacado su estilo «Hitchcockiano» y su estructura narrativa con tres líneas temporales. ¿Cómo construyó esta arquitectura y qué desafíos presentó?
-La estructura triple era necesaria para contar la historia completa. Cada línea temporal explica la siguiente y permite que el lector comprenda todo el proceso sin perderse. Es algo complejo, pero los lectores me dicen que la narrativa resulta clara y que los saltos temporales enriquecen la historia, en lugar de dificultarla.
– ¿Se inspiró en casos reales de mujeres que buscan a sus hijos robados?
– No, no me baso en casos concretos. Aunque sí he leído mucho sobre el tema. Y conozco personas cercanas que pasaron por experiencias similares. Por eso, la novela busca ser verosímil. Todo lo que relato sobre el robo de bebés, los abusos o la investigación están sólidamente apuntalados en la realidad.
– Usted lleva más de 35 años en el periodismo y ha publicado más de 20 libros. ¿Cómo se alimentan mutuamente estas dos vocaciones? ¿Esta larga experiencia como periodista le influye en cómo construye las tramas de sus novelas negras?
– Son vocaciones paralelas que se enriquecen mutuamente. Siempre he sido escritora, incluso desde niña. En el periodismo aprendes a investigar, contrastar y estructurar información. En la literatura aplico esos mismos principios para construir tramas sólidas, aunque con libertad creativa.

– En un momento en que España sigue debatiendo sobre memoria histórica, ¿cuál considera que es la responsabilidad del escritor al abordar crímenes históricos no resueltos?
– El escritor no tiene obligación de reparar, pero sí puede ayudar a remover conciencias y conmover a los lectores. La literatura permite acercar a las personas a realidades que, de otro modo, pasarían inadvertidas. El objetivo no es sustituir la justicia, sino generar reflexión y conciencia sobre hechos que siguen teniendo consecuencias hoy.
– ¿Qué mensaje espera que el lector extraiga de ‘Amada Carlota’?
– Espero que comprenda la importancia de recordar y visibilizar estos crímenes. Así como el impacto que produce sobre las víctimas y sus familias. Por eso, la novela no solo busca entretener, sino ofrecer un espacio de reflexión sobre nuestra memoria histórica, los derechos de las mujeres y la persistencia de ciertas injusticias a lo largo del tiempo.
