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Tocamientos

Estaba el otro día repasando fotografías futbolísticas de encuentros destacados y, sin apuntar, ni chivarme, que está feo, debo confesarles que me quedé alucinada con la cantidad de imágenes de tocamientos que salen de cada partido. No es que me guste ver como se tocan los hombres –yo soy chica y soy normal, a mí sólo me han gustado chicos de uno en uno y no me pone nada ver cómo se hacen cosas entre ellos–, todo lo contrario, pero es que me sorprende que en un área tan supuestamente masculina, se concentren tantos sobeteos.

¿Alguien me puede explicar qué necesidad hay de que los compañeros de equipo se repasen los traseros mientras están escuchando el himno? ¿Y de que se den palmaditas en los muslos para celebrar los goles que marcan? ¿Y qué hay de esas «bolas humanas» donde se restriegan los miembros de unos por las caras de los otros? ¿Y de los constantes besuqueos? Yo sé que lo del colegueo existe en todas las profesiones y que en unas se demuestra de una manera y en otras de otra, pero lo cierto es que tanto presumir de machos en el mundo del fútbol me tiene más que escamada, después de ver lo que les gusta la ropa, los complementos, los peinados y sobre todo los toqueteos.

¿No era que todo eso era femenino y, además, producía cierta hilaridad y desprecio a los hombres? Pues a ver quién es el guapo que se ríe de la cresta de Villa, de los pendientes de Cristiano Ronaldo  o de los tocamientos de… (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra)  y les acusa de no ser lo suficientemente machos.

La Razón

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