Lo más terrible del caso de las tres chicas secuestradas en EEUU, es que, probablemente, no es el único. Es realmente terrible pensarlo, pero aún peor que la realidad lo vaya demostrando. Existen millones de depredadores sexuales en el mundo. Lo son porque lo son. Tal vez padecieron malos tratos, o tal vez no. Puede ser que fueran abusados, o puede que no lo fueran. Pero igual que ni todos los niños maltratados o abusados acaban por abusar o maltratar a los suyos o a los ajenos, hay personas que, sencillamente, disfrutan torturando a otras. Estas tres chicas, más la niña de una de ellas, podrían seguir encerradas…Podrían haber muerto en su cautiverio…Podrían no haber visto la luz nunca más. Y, desgraciadamente, es posible que haya muchas en su misma situación. Los casos que llegamos a conocer nos estremecen, pero, aunque queramos obviarlo, son muchos más los que jamás se esclarecen y acaban con una desaparición no resuelta, que puede, o no tener el mismo escenario que éste que ha acabado con un final, relativamente feliz. Más allá de la pena de muerte –de la que yo siempre estoy en contra, y más en este caso en la que la considero un castigo muy liviano- el problema es que algo sucede entre los seres humanos como para que seamos capaces de engendran algunos de entre nosotros de una crueldad extrema. Vemos hasta dónde alcanza la maldad del hombre en las guerras, en los enfrentamientos, en todas las situaciones de choque y en muchas de superioridad; pero además, en la vida más plácida, sigue habiendo violencia cotidiana, unas veces expresada en pequeños gestos y otras veces llevada al límite por malvados de película como este Ariel, “depredador sexual”, según sus propias palabras, con las que es probable que quiera justificar su actuación injustificable. Seguro que alguien pensará que es una enfermedad, un producto de su situación social o familiarl…, pero yo creo que lo hacen para tratar de explicar lo inexplicable del ser humano, aquello que nos produce un enorme pánico, sobre todo porque se da en otro de nuestra propia especie. Sin embargo, yo siempre he pensado que hay seres humanos y seres humanos. Y algunos no deberían ni siquiera llevar ese título, porque carecen de humanidad. Son sólo seres, alimañas capaces de cualquier cosa. Depredadores, sí. Sexuales o no. Bichos peligrosos. Como este Ariel, a quien yo dejaría pudrirse en la cárcel ,no vaya a ser que no exista inferno donde se abrase.
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