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Pena

Llevo semanas diciendo que me da pena la Pantoja. Frente a quienes casi la increpan como si fuera una condenada por la Santa Inquisición camino de la hoguera, a mí me duele ver que tras tanto tiempo de escarnio público, a veces contenido en el cariño de sus fans, pero siempre escondido tras los focos, las cámaras y los micrófonos, desde los que se la ha juzgado más aún que desde los tribunales, al final va a entrar en la cárcel con la satisfacción de tantos que no temen su “criminalidad”, sino que solo quieren que le den un buen escarmiento y que sufra un poquito más.  Yo se que ha cometido un delito y también que, aunque algunos han corrido su misma suerte, otros muchos en idénticas circunstancias no han llegado a pisar la cárcel, como parece que ella ya no podrá evitar. Creo que debe pagar la multa, como no, e incluso que debería ser condenada a tareas sociales; pero me parece que hay mucho asesino, violador o maltratador suelto por ahí ,como para que todos los dedos señalen con saña a Isabel como la primera que tiene que estar tras los barrotes. Dicho esto, lo que ordene la Justicia –pese a que no siempre lo sea, principalmente por no ser igual para todos- será lo que se haya de acatar, sin discusión. Pero a mí me seguirá dando lástima ver a esta mujer, tan pública en el buen sentido y tan sin suerte, por más que cante y baile al gusto de sus antes incontables admiradores (ahora, ya lo saben, no tiene ni para llenar conciertos con los que pagar lo que debe), tan en el fango. “Ella se lo ha buscado” dirán algunos. Y tendrán razón. Aunque las cosas no suelen ser exactamente como parecen y para mí no se lo buscan igual, por ejemplo, políticos licenciados y con responsabilidades, que  tonadilleras casi sin formación, que llevan trabajando desde los 12 años, a las que parece acompañarles una maldición. Tal vez sea verdad, visto lo visto, que Lola Flores, antecesora en deudas pero sin cárcel la maldijo al ver que le “robaba” el novio a  Lolita y exhibía “el botín”, con recochineo, acudiendo a un concierto de la hija de la “faraona” con Paquirri. Porque a partir de ahí “todo fue naufragio”: viudedad, el hijo no agraciado de los tres del torero, la hija adoptada con problemas desde antes de la mayoría de edad, el novio con el que cayó en el delito…Y ahora la cárcel, con su madre enferma y casi sin amigos que la respalden. Ya oigo las voces de los que dicen “que se fastidie” pero a mí, condénenme si quieren, me sigue dando pena.

 

La Gaceta de Salamanca

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