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El día después

En medio del desconcierto, azorados por las imágenes que enturbian la de un país democrático y afortunado, los españoles nos sentimos mal, desprotegidos, engañados, tristes en definitiva. No nos gusta ver a los Cuerpos de Seguridad del Estado arremetiendo contra nuestros compatriotas, estemos de acuerdo con ellos o no; ni tampoco que pongan a los propios agentes en situaciones límite. Tengo la sensación de que los políticos han conseguido enfrentar a una parte de España con la otra y a una fuerza de seguridad con las demás. Y lo que es más grave: me parece que es lo que unos cuantos políticos pretendían.  Estamos en el peor escenario de todos los posibles e imposibles. Hace un par de semanas o incluso tres, yo pedía anticipación  desde Espejo Público. Decisiones contundentes para evitar tragedias. Mis compañeros de tertulia insistieron en que  la Justicia no puede actuar antes de que se cometa el delito… Sin embargo, entonces, alguno se había cometido ya: el referéndum ilegal se había convocado y según el Constitucional se iba pronunciando, muchos dirigentes independentistas catalanes declaraban su rebeldía. ¿No hubiera sido ese el momento para la acción? Tal vez así se habría evitado toda esa vergüenza que hemos visto: el incumplimiento de los mandatos por parte de tantos políticos autonómicos y municipales, la actuación desproporcionada de la Policía y la Guardia Civil, cercada por los ciudadanos y abandonada por la desobediencia de los Mossos de Escuadra… Duele ver las fotos de lo acontecido en los periódicos internacionales, algunos de los cuales parecen querer desestabilizar con ellas no solo a España sino también a Europa y  al mundo occidental. Y parece que los Cuerpos de Seguridad del Estado son los malos, los responsables de la abominación, pero no es cierto: Ahí los ha colocado un Gobierno que no supo alcanzar acuerdos y un Govern que ha propiciado la ilegalidad, la sedición y que incluso, de manera bochornosa, se alegra de una jornada repleta de momentos para lamentar, entre ellos el de comprobar cómo se utilizaban urnas sin precintar con papeletas marcadas o personas votando en varios colegios; es decir,  una pantomima de referéndum y un pasarse por el forro de los caprichos los derechos de todos los españoles, establecidos en la Constitución. Espero y deseo de corazón, que los responsables de todo esto tengan su castigo correspondiente, porque, de no ser así, tendremos muchos más “días después” que seguirán a ilegalidades de todo tipo porque, si unos no cumplen la ley ¿por qué habríamos de hacerlo los demás?

La Gaceta de Salamanca

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