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¿Buen padre y maltratador?

Publicado en La Gaceta de Salamanca

No escribo este artículo en contra de los hombres buenos, ni de los buenos padres, ni eximo de culpa en él a las madres que utilizan a sus hijos como moneda de cambio. Pero sí lo hago,  con el corazón encendido,  contra los maltratadores.  Y también contra la ineficiente justicia que parece que los ampara más de la cuenta. Más allá de que no es posible saltarse las leyes vigentes a la torera y de que por desgracia en el caso de los matrimonios mixtos, con padres de dos nacionalidades hay veces que el país de uno (en este caso España) se queda pequeño en potestades, lo cierto es que hay circunstancias en las que parece imposible plegarse a lo que impone la legalidad. A saber. Caso Juana Rivas. Una mujer española que se casa con un italiano y tiene dos niños (españoles, pese a lo que diga el marido). Se trata de una mujer presuntamente víctima de maltrato que abandona a su pareja, llevándose a sus hijos. ¿Por qué lo hace? Porque tiene miedo. Sencillamente. De que la dañen a ella o a sus hijos. Detengámonos aquí. ¿Alguien piensa que un maltratador puede ser un buen padre? Un hombre que daña a la madre de sus hijos y más si lo hace en presencia de ellos, ¿puede ser un buen padre? ¿Alguien pondría la mano en el fuego por un maltratador y se atrevería a asegurar que nunca causará dolor a sus hijos? ¿El propio maltrato de la madre no causa dolor a los niños? Sinceramente creo todas estas preguntas llevan a la misma respuesta: un hombre acusado de maltrato no puede ser un buen padre y, por lo tanto, no puede estar solo con sus hijos solo. Ni tener la guardia y custodia ni estar con ellos sin vigilancia. El problema viene, como siempre, en que en todos estos penosos casos conllevan un juicio y  una condena que a veces tardan mucho en llegar. Esta situación conduce al vacío a los que sufren los malos tratos (los hijos de una maltratada también están siendo maltratados aunque no reciban golpes). Y hay veces que no se ve más opción que la de tirar por la calle de en medio. Eso le paso a Juana. Ahora la acusan de secuestro, piden retirarle durante seis años la patria potestad y dos años y medio –uno por cada hijo- de cárcel para ella. Eso la justicia de nuestro país. La misma que parece sin recursos para enfrentarse a la italiana y defender a los hijos de un matrimonio mixto. No me digan que no extraña esa dureza. Y qué no duele. Y más aun sabiendo que un presunto maltratador se queda como responsable de unos niños que echan de menos a su mamá. Maltratada y solo valiente y dispuesta a afrontarlo todo por ellos…

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