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“El ayuno no debe ser la primera opción como medida de choque de excesos o de un estilo de vida insalubre”

Publicado en el suplemento de salud de La Razón

 

TATIANA MEDINA, Nutricionista, Hospital Ruber Internacional 

 
 

Según diversos estudios, dejar de ingerir alimentos puede ser bueno para nuestra salud, ¿es cierto?

Si, en los últimos años se han realizado diversos estudios para intentar constatar los mecanismos de acción sobre la salud derivados de los distintos tipos de ayuno y crear dietas de restricción calórica o posibles fármacos que emulen sus beneficios. En una de las últimas revisiones sistemáticas de 2017, Patterson et al. “Effects of Intermittent Fasting”, sugieren que un ayuno intermitente controlado, puede tener beneficios a nivel metabólico – hormonal y en la pérdida de peso. Pero también ponen de manifiesto la necesidad de un mayor número de estudios de intervención y resultados de biomarcadores clínicos sobre enfermedades crónicas como diabetes, enfermedad cardiovascular u obesidad.

Respecto al tratamiento en oncología, tanto del ayuno intermitente como la restricción calórica, estudios como el de O’Flanagan et al. destacan su efecto coadyuvante junto a quimioterapia y radioterapia, con un menor de efectos secundarios. En el mismo ámbito, el Instituto IMDEA Alimentación, ha probado sobre individuos sanos, los efectos metabólicos de 36 h de ayuno, donde el gen P21 (detiene la proliferación celular) aumenta con el ayuno y disminuye cuando volvemos a comer. Este gen está envuelto en proliferación celular en pelo, intestino, o médula ósea tan afectados por la quimioterapia.

Los resultados más prometedores y controvertidos son los presentados por el Dr. Walter Longo de la Universidad de California, cuya dieta baja en calorías, que imita los efectos del ayuno, comercializa en forma de barritas y batidos que pueden adquirirse libremente.

 

Hay quien asegura que es una de las mejores formas que tiene el organismo para eliminar las sustancias de desecho acumuladas durante meses o años, ¿no?

Nuestro organismo está preparado para para depurar y eliminar sustancias tóxicas a través de órganos tan importantes como hígado, riñones o intestino, primera barrera defensiva. Si bien realizará mejor dicho trabajo cuantas menos sustancias acumulemos y ello implica una prevención a través de unos hábitos de vida saludables. El ayuno como medida de choque de excesos o de un estilo de vida insalubre no debe ser la primera opción.

 

¿Durante cuánto tiempo sería aconsejable?

No hay datos suficientes para determinar el régimen de ayuno óptimo, incluyendo la duración del intervalo de ayuno, el número de días por semana, el grado de restricción de energía necesaria en días de ayuno, y recomendaciones para la dieta comportamiento en días sin ayuno. Pero los estudios actuales practican el ayuno intermitente o la restricción calórica y, uno de los ayunos más extendidos es el nocturno, donde solo se ingerirían alimentos durante el día. Este podría ser el más factible ya que evita la ansiedad o decaimiento durante nuestra actividad diaria cuando gastamos más energía y paliaría la mala costumbre de cenar tarde e irnos a la cama sin apenas digerir los alimentos.

 

¿Hablamos de ayuno total?

Lo que se realiza generalmente son ayunos alimenticios intermitentes acompañados o no de líquidos. El ayuno de líquidos suele ser breve porque los efectos de la deshidratación son más rápidos. Al tener una composición corporal de entre un 40 y70% de agua (dependiendo de edad, sexo, peso, etc.), pérdidas de un 20 % de agua ya pueden llegar a ser mortales.

En cambio, una persona sana dispone de mecanismos de adaptación que le permiten subsistir sin acceso a nutrientes exógenos durante más tiempo.

La tolerancia al ayuno se haya entre los 40-60 días y se puede ampliar en obesos pero cuando hemos consumido nuestras reservas, entramos en estado de inanición con riesgos de fallo multiorgánico.

 
 

 ¿Y pueden hacerlo todas las personas o solo algunas?

Como cualquier otro tratamiento debe realizarse bajo prescripción de un profesional, con un seguimiento y adaptación individualizados, ya que, en la primera fase del ayuno pueden darse los síntomas leves de la hipoglucemia (dolor de cabeza, náuseas, cansancio,  irritabilidad, etc.) que pueden superarse con facilidad cuando nuestro organismo comienza a generar cuerpos cetónicos (producto de degradación de las grasas) como sustrato energético. Pero los síntomas pueden agravarse (convulsiones, pérdida de consciencia y coma) si el organismo no consigue utilizar fuentes de energía alternativas y no recibimos asistencia médica.

 
 

 ¿En cuanto a las edades, se puede ayunar a cualquier edad?

El ayuno se está investigando para patologías concretas y lo que se pretende dilucidar cuales son los mecanismos que desencadenan sus beneficios para poder reproducirlos de forma eficaz como tratamiento, minimizando posibles efectos secundarios. No debe ser una pauta generalizada, ya que en términos poblacionales es mejor comer sano que dejar de comer y, junto a una dieta equilibrada, deben persistir unos hábitos de vida saludables que se vayan adaptando a cada individuo y etapa de la vida, especialmente en los niños y adolescentes.

 

En el caso de hacerlo ¿es preciso contar con la supervisión médica?

Por supuesto, ya hemos visto las repercusiones negativas que puede tener sobre la salud si no hay una buena respuesta fisiológica a la falta de alimento y/o bebida.

 

¿Qué hay que hacer si aparecen signos de hipoglucemia, bajada de la tensión arterial, adelgazamiento con pérdida muscular, edema generalizado, fallo renal o arritmia cardiaca?

Los síntomas son progresivos y comienzan con hipoglucemia (dolor de cabeza, náuseas, cansancio, irritabilidad) pero deben ser leves hasta que el organismo empieza a utilizar los cuerpos cetónicos (de las reservas grasas) como fuente de energía, si estos síntomas se agudizan y prolongan en el tiempo, debemos interrumpir el ayuno porque no todos los sujetos presentan una buena tolerancia al estado de cetosis y puede conllevar implicaciones multiorgánicas (acidosis metabólica a riñones, pulmones, corazón)

 

¿En qué periodo del año es más aconsejable el ayuno y por qué?

Los estudios no hablan de épocas del año concretas pero en verano las pérdidas hídricas por calor suelen ser superiores y si no hay una buena hidratación, podrían agudizarse los síntomas negativos descritos.

 

Y por qué se ha puesto tan de moda en los últimos tiempos?

Siempre han estado en boga en clínicas de adelgazamiento y “antiaging” y los estudios en este sentido se basan en la conjetura de que si se limitan las calorías en la dieta durante días, se reducirá el número de radicales libres producidos, muy reactivos y dañinos para la célula, además de aumentar la expresión de los genes llamados SIR, que prolongan la vida de la célula. Además la pérdida de peso puede ser superior al régimen hipocalórico estándar, con una mayor incidencia so

 

¿Desde cuándo se practica?

El ayuno es una de las terapias que utilizaban los médicos hipocráticos, cuatrocientos años antes de Cristo y ha sido utilizado por la mayoría de las religiones en diversas versiones. El médico Avicena también recetaba ayunos para la cura de todo mal y se ha practicado hasta la actualidad. Desde 1911 se utiliza en tratamiento de cuadros convulsivos y desde entonces se han ido desarrollando dietas como la cetogénica o las dietas de restricción calórica, que imiten los efectos beneficiosos anticonvulsivos del ayuno sin someter al organismo a restricciones totales de alimentos para un tratamiento a largo plazo.

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