
A la periodistas Asunta López le tocó dejarlo todo un buen día y seguir a su marido a una empresa del Golfo Pérsico. Una buena oportunidad, sin duda, pero con sus contrapartidas. Nadie que conozca a Asunta podría imaginar que, estando allí, se fuera a quedar quietecita, tumbada junto a la piscina de su bonita casa y dedicada a tomar el sol. Y en efecto, no lo hizo. Desde el primer día se dedicó a observar y a anotar todo aquello nuevo y diferente que la rodeaba en su recién estrenado escenario de vida. Poco a poco, empezó a compartir sus percepciones con sus amigos a través de larguísimos correos y, un buen día, decidió que tenía material para escribir un libro. No es que ella se hubiera convertido en Lola, la protagonista de su novela, es que la propia Lola, tenía personalidad propia, más allá de la de la escritora novel y necesitaba que contara su historia. “Al principio en aquellos correos que enviaba a mis amigos les relataba mi sorpresa al descubrir un país como Dubai, al que yo, como la protagonista de mi novela, fui siguiendo a mi marido y en compañía de mis hijos, que entonces eran muy pequeñitos. Al llegar estaba tan fascinada, Dubai me parecía un lugar tan maravilloso, tan súper cosmopolita y con culturas, razas y religiones tan diferentes y mezcladas, que simplemente miraba y contaba lo que veía…Luego mi percepción empezó a cambiar y Lola, la protagonista de “Cartas desde Dubai”, comenzó a cobrar vida y a meterse en unos líos tremendos, que la llevaron incluso a un calabozo en la cárcel en mitad del desierto, durante ocho meses, a enamorarse perdidamente de un millonario emiratí, guapísimo y muy poderoso y hasta acabar convirtiéndose en su segunda esposa” Dice Asunta que lo que le llevó a crear este fascinante relato , fue el asombro de vivir en un país de contrastes absolutos “Dubai es el centro comercial más grande del mundo, con todas las tiendas de mega lujo, hoteles espectaculares donde sirven alcohol aunque esté prohibido en la religión musulmana…; pero, de repente, a alas 5 de la tarde, te suena la llamada a la oración dentro del centro comercial… Es un shock. Y no solo eso, también lo es la riqueza tan brutal que hay aquí: los Ferraris de cualquiera, los Lamborghini que conducen los policías, los hoteles de 7 estrellas.. La otra cara de la moneda es una mano de obra muy barata, que raya en la esclavitud… Todo choca: la pobreza, la riqueza, la modernidad, el Islam, la tradición… Y todo eso a mí me ha proporcionado material para escribir esta novela. Y podría escribir otras ocho, porque queda mucho por contar”. Por ejemplo, cómo es posible que las mujeres occidentales y de otro credo o sin ninguno, acaban aceptando relaciones que jamás hubieran pensado consentir… “Yo he conocido a muchas mujeres muy cercanas en esas circunstancias: inglesas casadas con un jordano, emiratíes que de repente suman otra esposa más… Esto es muy normal aquí; pero este es un país que nos ha acogido a mí, a mi marido y a mis hijos y en el que somos felices y yo no quería caer en estereotipos ni maniqueísmo, así que mis personajes no son buenos o malos por ser musulmanes o cristianos. He tratado de dejar claro que aquí puede pasar de todo, independientemente de donde procedas, de tu credo o de tu formación. Mi protagonista, sin ir más lejos, es una mujer preparada, con una carrera profesional brillante en España y, sin embargo, cae rendida ante los encantos de un emiratí. Y no es porque sea española y católica y él musulmán, sino porque ocurre. Ellos, como el propio marido de la protagonista, tienen sus luces y sus sombras; y lo más importante de todo son las circunstancias de cada cual”. Pienso que, en todo caso, las mujeres españolas y católicas tendemos a creer que las musulmanas son desgraciadas por el mero hecho de profesar su religión y por aceptar la poligamia, pero esto no es necesariamente así… “Desde luego que no. Las hay muy felices y yo las conozco… Lo que también es cierto es que las mujeres somos celosas por naturaleza y las occidentales más. Por eso Lola no quiere compartir a su marido con nadie. Y tampoco quiere dejar de ser ella. La quieren convertir al Islam y ella, que nunca ha sido ni especialmente católica ni fervorosa, se niega en rotundo porque quiere darle su amor a ese señor, pero no todo lo que es suyo: su cultura sus raíces, su religión…Lola no quiere que le impongan nada, ni siquiera la maternidad. Quiere hacer las cosas de motu propio, aunque no siempre le resulte fácil.” Con todos estos ingredientes, el choque cultural, la infidelidad y la pasión no es raro que aceche la tragedia …“Es cierto. Hay tragedia en el libro. Pero he intentado que la gente pase de la risa al llanto en dos páginas, que no sufra leyendo mi novela, sino que se divierta. Y también me he esforzado mucho para que las personas que se lean un capítulo estén deseando saber qué pasa en el siguiente. Por eso esta novela es tan adictiva. Pero todo esto lo he hecho desde el respeto y la comprensión al país en el que vivo, a su religión y a su tradición.” Lo que está claro es que la novela está llena de alicientes y entre ellos cabe el sexo, que no es fácil de escribir… “Yo lo pasé fatal. Me tomaba tres cervezas antes de ponerme a escribir las escenas de sexo. Pensaba que luego, al día siguiente cuando las leyera, pensaría que se me había ido la mano y las borraría, pero no, las dejaba. Así que hay cuatro o cinco escenas de sexo que creo que han salido bien y en las que me ha ayudado mucho no estar sobria del todo al escribirlas “. Bueno, eso no es infrecuente. Casi es un clásico en la escritura. Lo que hay que saber es si después de estas “Cartas desde Dubai”, Asunta López piensa seguir escribiendo. “Pues yo espero que la novela tenga éxito y que pueda seguir escribiendo, porque me encanta. Y como aquí, la verdad soy un ama de casa aburridísima tengo la excusa para seguir haciéndolo. Ya he empezado un par de novelas y creo que pronto tendré listo un nuevo trabajo…”
PERSONAL E INTRANSFERIBLE
Asunta López nació en Burgos en 1972. Está casada, tiene dos hijos y se siente especialmente orgullosa “de ellos”. Se arrepiente “de casi todo” Perdona, pero no olvida. Le hacen reír “las personas inteligentes” y llorar “casi cualquier cosa (debe ser la menopausia”. A una isla desierta se llevaría “a un hombre, no tengo duda” Le gusta comer “tortilla de patata que n o esté muy cuajada, como la de mi tía Coti” y beber “vino de la Ribera del Duero”. Su manía es “la tricotilomanía (arrancarse el pelo o los vellos del cuerpo) desde niña”. Su sueño recurrente es “que mi madre aún está viva” De mayor le gustaría ser “mejor persona” y si volviera a nacer sería “feliz”.
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