Publicado en La Gaceta de Salamanca
El pasado sábado, participe en un foro de La Ser, sobre la transformación de la sociedad desde la Constitución hasta nuestros días junto al periodista y escritor Giles Tremlett y la también escritora e investigadora Remedios Zafra. Tratamos asuntos diversos y entre ellos, el de las noticias falsas y la posverdad. “¿Alguien se anima a definir lo que es?” preguntó Manuel Gutiérrez Aragón, que ejercía de moderador. Yo tiré de la memoria y recordé la definición que se hacía de los posmodernos en los tiempos de la movida. “Clásico más moderno igual a posmoderno” se decía. Así que verdad, más mentira, igual a posverdad… Nos preguntamos entonces si a nosotros nos colarían una noticia falsa. Alguien dijo que de ninguna manera. Yo me apresure a asegurar que sí. “No si estamos preparando una información, claro, pero sí en un tuit que ha retuiteado alguien en quien confiamos, por ejemplo”- dije.¡Menos mal que no me pudo la soberbia ni el pensar que a mí jamás me la podrían dar con queso, porque ese mismo día retuiteé una información retuiteada previamente por una querida amiga, que cuenta con mi máxima confianza, sobre una chica que, supuestamente, acababa de ganar las Olimpiadas de Física y Química 2018 y a la que nadie prestaría atención porque no jugaba al fútbol ni salía en los realities… Me pareció tan verosímil. ¿Cuántas mujeres dedicadas a disciplinas científicas carecen de visiblidad? No pensé en escribir sobre ella. De haber sido así, probablemente no me la hubieran colado, porque habría buscado información sobre ella, e incluso hubiese tratado de localizarla y entrevistarla; pero no se daba el caso. Era fin de semana, vi la noticia retuiteada por mi amiga, le di a la tecla y…, patiné. Me enteré más tarde porque una compañera me advirtió. Y mi reacción no fue la de hacer desaparecer las pruebas del delito , sino la de avisar rápidamente en la red, para que nadie se confundiera como yo, pero…, ¡los cazadores de brujas ya se habían abalanzado sobre mí! Y no solo para reírse, sino también para insultarme y dudar de mi capacidad y personal. El asunto, además de dolerme, no tanto por mi fallo –errare humanum est- , sino por la inquina de algunos a los que con toda probabilidad habrán engañado alguna vez y se habrán equivocado en alguna ocasión en sus trabajos y en sus vidas, me hizo reflexionar. Resulta que los más castigados con las Fake News no son los que las lanzan, sino los que pican… ¿Qué es lo que quieren demostrar los usuarios de las redes? Lo de siempre: que ellos son más listos y mejores que los otros… Una historia que ahora será muy tecnológica, pero que se repite desde los inicios de la historia de la humanidad…
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