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Los ángeles de Victoria’s Secret

Cuentan que el secreto de Victoria no era otro más que el de su marido, alumno de negocios de Stanford, quien compraba a escondidas y con vergüenza la lencería de su mujer en tiendas tan poco reservadas que, finalmente, se lanzó a crear una marca que se vendiera de otra manera. El hombre discreto abrió primero una tienda en el mismo centro comercial de Stanford, que complementó con un catálogo de venta por correo. El éxito fue instantáneo, así que, en poco tiempo, pudo abrir tres tiendas más. Se trataba de establecimientos victorianos y delicados, donde se podía curiosear por las vitrinas, sin el acoso permanente de las dependientas de los grandes almacenes. Solo una vez elegido el conjunto, la vendedora ayudaban con la talla y todo lo demás.

Cinco años después, Roy, para sorpresa de todos, decidió vender la firma por cuatro millones de dólares a The limited, pensando que hacía un gran negocio y se perdió la expansión de su Victoria’s Secret por todo el país. The limited, ya propietaria de Victoria’s secret la convirtió en la marca de lencería más exitosa del mundo, tras contratar Top Models para los que pronto serían los desfiles más famosos del planeta. A principios de los 90, mientras la firma ganaba billones, Roy Raymond, su creador, que estaba en la ruina, no pudo soportarlo y se tiró desde el puente Golden de San Francisco. No se sabe si algún ángel del cielo, deseoso de haber desfilado por la pasarela más atractiva de las de lencería lo recogería en sus brazos…

Lo que ya se ha hecho público es que, tal vez no ese ángel imaginario, pero sí los de carne y hueso, van a dejar de serlo de inmediato. Su belleza les ha costado el puesto, en unos tiempos en los que se defiende que las mujeres tienen que ser activistas y con currículo, pero en los que parece que se olvida, que el hecho de ser hermosas no cercena en absoluto ni su inteligencia ni sus capacidades. Es más, muchos Angeles de Victoria’s Secret lo demostraron con creces al abandonar las pasarelas (e incluso estando en ellas).

Alguien podría decir que, en los desfiles, se obligaba a las modelos a hacer muchos sacrificios físicos para que deslumbraran aún más. Y es cierto, aunque también sucede, de uno u otro modo, en otros trabajos menos glamourosos (¿saben lo poco saludables que son los horarios de los programas de radio de madrugada).

Sin embargo -y supongo que más allá de que los ángeles no tienen ya tantos seguidores-, sus detractores, creyéndose los salvadores de las mujeres y el feminismo, no reparan su criterio es una vuelta a ese “si es guapa es tonta “, tan machista y estúpido. El caso es que los ángeles de Victoria’s Secret no volarán más y aunque sea, por qué no confesarlo, por su belleza extraordinaria, los echaremos de menos.

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