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El asesinato de Samuel

Publicado en La Razón

No seré yo quien discuta que en este mundo nuestro, tan supuestamente avanzado y civilizado, existe la homofobia. Es innegable que aunque parezca increíble, en la España del siglo XXI, pese al orgullo, las concienciaciones, los avances y las leyes, la homofobia continúa habitando entre nosotros. Sin embargo, después de leer y releer las informaciones sobre el asesinato de Samuel no he llegado a ser capaz de confirmar si el asesinato tuvo tintes homófobos o no. A sus amigas les dolió doblemente que le llamaran maricón mientras le mataban a patadas porque pensaron que, tal vez, influía en el odio exacerbado contra él, el hecho de que fuera gay. Y lo entiendo. Pero mas allá de la barbarie que supone la agresión a los homosexuales, me espeluzna pensar que en un bar se puedan reunir unos cuantos jóvenes que desprecien a cualquier persona por lo que sea: condición sexual, raza, color, clase social o credo y sean capaces de darle rienda suelta a su propia violencia hasta el asesinato. El de Samuel evidencia,una vez más, que los buenos pueden volverse malos en cuestión de segundos. Y que una nimiedad, como la grabación con un móvil a una pareja (que no era tal, sino una videollamada) puede despertar al monstruo que llevamos dentro, máxime si el grupo nos protege. Los asesinos de Samuel eran chicos sin antecedentes, seguramente normales para su entorno… pero tan capaces de matar como han demostrado sus actos. ¿Por homofobia? Puede que sí. O acaso influyó en el ensañamiento. Pero el motivo, aun siendo gravísimo, es lo de menos. Lo más terrible es pensar que el mal está entre nosotros y que puede emerger en cualquier momento; que cualquier persona aparentemente normal puede juntarse con unos cuantos amigos y dejarse llevar por sus miedos, complejos, filias o fobias y asesinar a alguien tan indefenso e inocente como Samuel. D.E.P.
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