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Miraré en Google

Publicado en La Razón

Anoche mi marido y yo quedamos a cenar con un grupo de amigos. Salí de casa contentísima porque, una vez acabadas las restricciones pandémicas, por fin podríamos reencontrarnos. Ya en el coche pensé que se me había olvidado el teléfono y casi me da un patatús. Luego comprobé que lo tenía conmigo, pero con tan poca batería, que no pude evitar ponerme tensa (nomofobia).

Mi nerviosismo aumentó cuando eché un vistazo rápido a Instagram y descubrí las imágenes de mi grupo de amigas del colegio, pasándoselo bomba sin mí… (fomo) ¡Eso, por elegir esa cena en vez de irme con ellas!

Cuando llegamos al restaurante no pude ni mirar a los presentes, porque tenía que contestar a los veinte mil mensajes de mis compañeras; así que, sin quererlo, estuve ignorándolos un buen rato. (phubbing).

Después, en medio de la conversación, alguien preguntó qué significaba la palabra «bahorrina» y, como cada vez tengo menos memoria y no lo recordaba, intenté buscarla en internet. Para mi desesperación, ¡no había! Me puse como una loca (ciberadicción) ¡Sobre todo porque necesitaba consultar también quién era el chef del restaurante (efecto Google) , ¡y era imposible!

Lo peor llegó un poco más tarde cuando, tras comerme unas coquinas riquísimas, me empezó a salir un sarpullido en las manos y se me hincharon. Como no pude investigar en internet a qué se debían esos síntomas (cibercondría) me estresé tanto que le pedí a mi marido que regresáramos a casa de inmediato. Necesitaba cargar mi teléfono, contestar a los whatssapp, revisar las redes y ¡enterarme de a qué se debían mis síntomas! ¿Alguien sabe decirme si sufro de tecnoadicción? Miraré en Google.

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