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Ganas de vomitar

Publicado en La Razón

La violación de una menor de 16 años, a la que abandonaron semidesnuda frente a una discoteca, no se le olvidará jamás a los dos camioneros que la cubrieron con sus chaquetas al verla en tales condiciones, y temieron su muerte. Por suerte, no ocurrió. La chica está viva, pero no solo ha tenido que ser intervenida varias veces por la brutalidad de la agresión, sino que, más allá de lo físico, el no recordar nada de lo sucedido, por el efecto de alguna droga o de los golpes, le está provocando un terrible sentimiento de culpa, siempre frecuente entre las víctimas de agresiones sexuales, pero más aún cuando no tienen memoria de lo acontecido. Necesitará mucho tratamiento psicológico paralelo al físico y probablemente más extenso y, aún así, le será difícil recuperarse por completo y evitar que le quede una cicatriz en el alma, de esas que duelen cuando cambia el viento. El caso ha conmocionado no solo a los vecinos del lugar, que se han lanzado a la calle para demandar mayor vigilancia y seguridad, sino a toda España. Bueno, a casi toda. A juzgar por su gélido y formalista tuit («a la mujer de 16 años a quien han violado en Igualada: tienes nuestro apoyo. Esperamos su pronta recuperación con el acompañamiento y la reparación necesaria. Que la calle, la noche y la fiesta también sean nuestras») a Irene Montero le ha impactado lo justo. La ministra que se deshace en lágrimas en sus discursos genéricos y se emociona diciendo todo/as/es, en un caso real de violencia, y no a una mujer adulta sino a una menor, solo se le ocurre poner un tuit… y reivindicar la noche, la calle y la fiesta. Dan ganas de vomitar.

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