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La amistad

Publicado en La Gaceta de Salamanca

DICEN que el amor no se puede explicar ni definir. Ignoramos lo que es. Pero sí somos conscientes de que todos lo perseguimos. También de que nos hace diferentes al resto de los animales, para lo bueno y para lo malo. Porque del amor y del desamor, nacen los sentimientos más profundos. Los más bellos y los más perversos: La lealtad y la traición, la devoción y el odio, la compasión y la venganza. Es muy difícil amar intensamente y controlar los sentimientos de posesión, los celos y hasta las ambiciones. Es muy complicado, en definitiva, amar bien, porque el amor pasional tiene un punto de egoísmo imposible de domeñar. Quizás por eso es tan hermoso y tan intenso y nos hace tan felices… y tan desgraciados. Pensamos que no es comparable a nada. Que no existe algo remotamente parecido. Pero hay otro tipo de amor, con distinto nombre que, cuando es verdadero (ni siquiera el amor pasional verdadero puede controlar el arrebato), es tan generoso que incluso supera al amor de pareja, en buena medida. Se trata de la amistad. La amistad es la relación más pura que existe. También puede tener un punto de egoísmo o de envidia; e incluso puede decepcionar las expectativas si alguien pide de más. Pero es más fácil no pedir a los amigos lo que no te pueden dar, que aceptar que tu amor no responde a lo que le demandas y exiges, con la excusa del propio amor. La amistad, según van pasando los años, se refuerza, se vuelve más cómplice y tolerante y vive arropada por los recuerdos compartidos mientras va creciendo y haciéndose imprescindible o diluyéndose hasta desvanecerse por completo (tampoco todas las amistades duran para siempre). El amor, para sobrevivir ha de ir transformándose y, sin perder del todo la pasión —sin pasión el amor muere más veces de lo que muchos creen— acaba por dejarla unas veces apaciguada y otras convertida en obligación, a menos que se riegue permanentemente, para lo que es fundamental pensar que el amor se puede acabar en cualquier instante. La amistad, en cambio, lo único que tiene que hacer es fortalecerse en el día a día. Y es mucho más permisiva. No en todas las ocasiones. Pero, sobre todo, porque no todas las amistades son auténticas. Y muchos de los que se dicen amigos solo son acompañantes al acecho de las ideas del otro (y de todo lo demás que les pueda venir bien). Si son amigos, en lo que la extensión de la palabra amistad significa, sacan con extraordinaria facilidad lo mejor del otro y ponen de su parte para convertirlo en oro puro. Y además, lo celebran más que si fuera suyo. ¿Que nunca han tenido un amigo así? Yo sí. Se llamaba Fernando Marías. El mejor de los escritores y las personas. Murió el 5 de febrero. En mi corazón seguirá vivo para siempre.

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