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La vida no sigue igual

Publicado en La Razón

«La figura del cantante se ha transmutado del Casanova irresistible para las mujeres a la del agresor sexual»

Antes de que se dirima el caso Julio Iglesias y las autoridades decidan su inocencia o culpabilidad respecto a la trata y agresión sexual de la que se le acusa en los tribunales, miramos hacia atrás, hacia todos esos episodios protagonizados por el cantante y nos embarga la vergüenza. No se puede mirar el pasado con los ojos del presente… O al menos, no se puede juzgar. Lo que antaño ocurría y se celebraba, en una sociedad donde ser conquistador hasta el delirio y pese a las negativas de las pretendidas suponía un valor a sumar en la personalidad del galán, ahora asquea…; pero antes, no solo no era delito sino un comportamiento tan aplaudido como lícito. Julio Iglesias ha sido, es y será uno de nuestros más grandes cantantes internacionales. Posiblemente el más galardonado y con mayor cantidad de discos vendidos. A él le hemos visto recientemente en imágenes de archivo junto a las presentadoras televisivas más famosas del mundo entero, a las que agarraba por la quijada, claramente contra su voluntad, para encajarles un beso a boca abierta, que luego provocaba la hilaridad de una audiencia a la que le divertían esos episodios. De hecho, el propio Julio se prestaba a que se produjeran o los provocaba, porque sabía que sumaban puntos a ese perfil suyo de Don Juan, tan alabado por desgracia en todas partes, hasta la llegada del Me Too. Ahora, tras una investigación periodística rigurosa, con testimonios sobrecogedores, la figura del cantante se ha transmutado del Casanova irresistible para las mujeres a la del agresor sexual que abusa de su poder, dinero y fama, para someter con violencia a presuntas víctimas vulnerables. Que haya quien pretenda señalarlas a ellas es un clásico: ¿Por qué no denunciaron antes? ¿Estaban atadas? ¿Cómo no se defendieron o largaron? Pues miren, las víctimas de maltratos y agresiones sexuales, reaccionan cuando pueden, no cuando Ana Obregón quiere… ¿Qué es posible que todo esto sea una maniobra contra el cantante? Podría ser, aunque no lo parezca… Por eso ahora lo exigible, aunque cueste, es la prudencia. Respetar la presunción de inocencia de él. Y no prejuzgarlo. Pero menos a ellas, mujeres desvalidas, para las que ya, la vida, jamás seguirá igual.

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