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El arte y la guerra

Publicado en La Razón

«Sea cual sea la guerra y los motivos que la desencadenen, el arte siempre será un puente para la paz»

Estamos en la semana de ARCOmadrid, una de las ferias de arte más reconocidas e influyentes del mundo, que cada año se convierte en un espejo del presente, en una plataforma donde el arte presume de rebeldía y reclama su poder como agente transformador y crítico. En esta edición, sin país invitado, la feria escruta el futuro desde un lema tan curioso como inquietante: «ARCO 2045. El futuro por ahora». (¿Habrá futuro en 2045?) Y lo hace con diferentes propuestas en las que caben miradas distintas; pero como todo acto creativo, ARCO no se queda solo en lo intangible, lo conceptual, lo que separa la idea del objeto físico, la abstracción.

Tampoco se conforma únicamente con la belleza. De sus obras emerge un grito que resuena en esa realidad, hoy marcada por el conflicto. El arte nos refleja, nos traduce, nos obliga a viajar desde lo invisible a lo visible, nos hace cuestionar las certezas y nos invita a la acción. En tiempos de guerra, como la que ahora marca nuestros destinos, aunque los contendientes sean EEUU e Irán, el arte es un refugio, pero también un estandarte. Oriente Próximo, cuna de civilizaciones, vuelve a ser escenario de un enfrentamiento bélico que arrastra siglos de odios e incomprensión. Las bombas, las sanciones y las amenazas destruyen las culturas, pero siempre queda el arte que, desde sus múltiples formas y disciplinas, alza la voz contra la deshumanización.

En este contexto, ARCO se convierte en alianza. Los artistas, desde sus obras hablan del destierro, del exilio, del miedo, de la angustia, pero también del anhelo de paz… Un lienzo puede recoger con precisión la memoria de un pueblo, una fotografía puede congelar un instante de injusticia, una escultura puede convertirse en una alentadora plegaria… Y así, en medio de la zozobra de unos tiempos difíciles, el arte nos recuerda que somos capaces de imaginar un futuro donde Oriente Próximo sea un lugar de diálogo y no de guerra.

ARCO provoca, incomoda, mueve, conmueve e incita a rebelarse pero, sobre todo, supone un acto de esperanza, una reivindicación de que, sea cual sea la guerra y los motivos que la desencadenen, el arte siempre será un puente para la paz.

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