Publicado en el suplemento de salud de La Razón
Una cantidad orientativa razonable es empezar con 100–125 ml al día y, si se tolera bien, llegar a una ración de 125–250 ml, afirma la doctora Begoña Molina Baena, de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ruber Internacional
¿Qué es el kéfir?
El kéfir es una bebida fermentada, habitualmente elaborada con leche, a partir de unos “gránulos” que contienen bacterias y levaduras beneficiosas. Durante la fermentación, estos microorganismos transforman parte de la lactosa y generan una bebida ácida, cremosa y con sabor característico. Puede formar parte de una alimentación saludable, pero conviene no presentarlo como un remedio para todo. Su interés está en que combina la calidad nutricional del lácteo con el valor añadido de la fermentación. En la consulta se debe explicar con claridad: es un buen alimento para muchas personas, un fermentado saludable, no una solución milagro.
¿Cuál es su origen?
Antes de ser tendencia, el kéfir ya era una tradición. Vinculado a regiones del Cáucaso y Eurasia, donde la fermentación de la leche era una forma de conservar alimentos y mejorar su sabor y digestibilidad, se conocía desde antiguo. Hoy, este alimento ancestral ha despertado interés científico por su relación con la microbiota intestinal y la salud metabólica. Sin embargo, tradición no siempre equivale a evidencia médica suficiente. Lo importante es integrarlo con sentido común: como parte de un patrón alimentario sano, no como una moda aislada. Su historia nos recuerda que muchos alimentos tradicionales pueden ser útiles cuando se consumen con seguridad, moderación y criterio nutricional.
¿Cuáles son sus principales cualidades nutricionales?
El valor del kéfir empieza por una triada básica: proteína, calcio y fermentación. El kéfir de leche aporta proteínas de buena calidad, calcio, fósforo y vitaminas del grupo B, nutrientes importantes para la salud ósea, muscular y metabólica. Además, al estar fermentado, suele contener menos lactosa que la leche, por lo que algunas personas lo toleran mejor. En mujeres, especialmente a partir de la perimenopausia y menopausia, puede ayudar a reforzar la ingesta de proteínas y calcio dentro de una dieta equilibrada. Lo recomendable es elegir kéfir natural, sin azúcar añadido. Su beneficio no está en tomarlo de forma aislada, sino en incorporarlo a una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y actividad física.
¿Cuáles son los principales beneficios para la salud?
Los beneficios más razonables del kéfir se relacionan con la digestibilidad, la calidad nutricional y un posible efecto favorable sobre algunos marcadores metabólicos. Algunos estudios han observado mejor tolerancia digestiva frente a la leche en personas con intolerancia a la lactosa y síndrome de intestino irritable. También se investiga su papel sobre glucosa, colesterol, inflamación y microbiota, aunque los resultados no permiten considerarlo un tratamiento médico y son preliminares. En pacientes con diabetes, obesidad, hígado graso o alteraciones digestivas, puede ser una herramienta dentro de un plan nutricional, pero no reemplaza a la medicación cuando está indicada ni el seguimiento clínico. Puede ayudar a tu intestino, como buen complemento, pero dentro de un marco razonable.
¿Tiene contraindicaciones?
En general, el kéfir pasteurizado y bien conservado es seguro para la mayoría de personas sanas. Aun así, debe individualizarse en casos de alergia a proteínas de la leche, intolerancia marcada a la lactosa, colon irritable con mala tolerancia a fermentados, inmunosupresión, tratamiento oncológico, trasplante o enfermedad grave. También conviene evitar el kéfir elaborado con leche cruda por el riesgo de infecciones alimentarias, especialmente en embarazadas, niños pequeños, personas mayores frágiles e inmunodeprimidas. Si tras tomarlo aparecen diarrea persistente, dolor abdominal importante, vómitos, urticaria o empeoramiento claro de los síntomas, lo prudente es suspenderlo y consultar. Conviene recordar que natural no significa adecuado para todos.
¿Cómo es mejor consumirlo y en qué cantidades?
La mejor opción es el kéfir natural, sin azúcar añadido y correctamente refrigerado. Puede tomarse solo o combinado con fruta entera, avena, frutos secos o semillas, como desayuno, merienda o parte de una comida ligera. Una cantidad orientativa razonable es empezar con 100–125 ml al día y, si se tolera bien, llegar a una ración de 125–250 ml. No es necesario tomarlo en ayunas ni todos los días para que tenga sentido nutricional. En personas con diabetes, obesidad o triglicéridos altos, es especialmente importante evitar las versiones azucaradas o con sabores tipo postre. Puede ser un excelente regulador del tránsito intestinal, en especial, combinado con otros pre y probióticos, y en cantidades pequeñas.
¿Lo pueden tomar las personas mayores y los niños?
Kéfir para niños y mayores: sí, pero no de cualquier manera. Los niños mayores de 12 meses pueden tomar kéfir natural pasteurizado como parte de una alimentación variada, siempre que no sustituya comidas importantes ni se ofrezca en versiones azucaradas. En personas mayores, puede ser útil por su aporte de proteína, calcio y fácil consumo, especialmente cuando hay poco apetito o dificultad para alcanzar requerimientos nutricionales. Sin embargo, en mayores frágiles, pacientes con disfagia, enfermedad renal, diabetes mal controlada, pérdida de peso o inmunosupresión, la recomendación debe personalizarse. En nutrición, la pregunta no es solo si un alimento es “bueno”, sino si es adecuado para esa persona, en ese momento y con ese objetivo clínico. Individualizar es la clave.
