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«La dieta de la salud planetaria tiene beneficios a largo plazo»

Publicado en el suplemento de salud de La Razón

Entrevista a Beatriz Santamaría, nutricionista del Hospital Ruber Internacional Habana

¿En qué consiste la dieta de salud planetaria?

A pesar de este nombre tan esotérico, la dieta de la salud planetaria no es una dieta milagro para esta primavera. La dieta de la salud planetaria es el modelo dietético que trata de resolver un dilema crítico para la humanidad: ¿Cómo se puede alimentar de forma saludable a 10 mil millones de personas en 2050 sin destruir el planeta?Es un patrón dietético basado en el estado actual de la ciencia, que trata de ofrecer un consenso universal de qué significa comer saludable para los seres humanos. La dieta no ha sido específicamente diseñada con objetivos medioambientales, sin embargo, hay evidencias sólidas que demuestran que seguirla reduciría el impacto ecológico que tienen la mayoría de las dietas actuales. La dieta ha sido desarrollada por un comité de expertos en diversas áreas y procedentes de diferentes países, reunidos en la comisión EAT-Lancet (formada por EAT, una organización sin ánimo de lucro y la revista científica The Lancet). En términos prácticos, la dieta de la salud planetaria es una dieta flexitariana, principalmente basada en el consumo de alimentos vegetales muy diversos (verduras, frutas, legumbres, granos integrales y frutos secos) y que, opcionalmente, puede incluir pequeñas cantidades de alimentos de origen animal (pescado, huevos, carne y lácteos). Este modelo dietético es muy versátil, de forma que resulta perfectamente adaptable a las diferencias culturales y a las variaciones regionales que existen alrededor de todo el planeta. Por ejemplo, en nuestro caso, adoptar una dieta de salud planetaria es perfectamente compatible con seguir una dieta mediterránea. Para conseguir un sistema de producción alimentario que pueda alimentar de forma saludable a una población mundial creciente, además del modelo dietético descrito, la comisión EAT-Lancet propone otro tipo de medidas como mejorar las prácticas de producción agroalimentaria y reducir la pérdida y el desperdicio alimentario.

Desde el punto de vista de los consumidores, podemos contribuir:

● Basando la dieta en alimentos naturales mínimamente procesados y evitando los ultraprocesados.

● Reduciendo el desperdicio alimentario, haciendo una buena planificación de las comidas para comprar y cocinar lo justo, guardando los alimentos correctamente (por ejemplo congelar lo que no se vaya a consumir en pocos días, guardar frutas y verduras en la nevera) y compostando los restos orgánicos (en Madrid utilizamos el contenedor marrón).

● Eligiendo comprar alimentos de producción ecológica o de comercio justo (esto siempre teniendo en cuenta la accesibilidad a dichos productos).

¿Y realmente logra combatir los efectos nocivos de la contaminación del medioambiente y del cambio climático?

Según los cálculos teóricos de la comisión EAT-Lancet, sí. Los expertos de esta comisión han hecho modelos teóricos de qué ocurriría en diferentes escenarios. En el momento actual, la producción de alimentos es responsable del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero, del 70% del uso del agua y del 40% del uso del suelo. También es el principal responsable de la deforestación, de la extinción de especies y de la reducción de la biodiversidad. Además, un dato terrible es que 1⁄3 de los alimentos que se producen no llegan a consumirse nunca y acaban como desperdicio alimentario. Esto significa que directamente tiramos a la basura todos los recursos que han sido necesarios para producir el 30% de los alimentos. Si se continúa con el sistema actual de consumo y de producción de alimentos («business-as-usual»), sin modificar nada, las proyecciones científicas indican que en el año 2050 el sistema entrará en una crisis de sostenibilidad crítica (aumento masivo de emisiones y de temperatura global, agotamiento del agua dulce, deforestación y extinción masiva de especies, crisis de seguridad alimentaria, aumento de la desnutrición, encarecimiento enorme del precio de los alimentos, desplazamiento masivo de personas…)Los modelos teóricos manejados por la comisión EAT-Lancet calculan que la adopción de las medidas que ellos proponen (dieta de salud planetaria, optimización de los modelos de producción y reducción del desperdicio de alimentos) pueden reducir la emisión de gases invernadero (entre el 54-87%), reducir el uso del suelo (entre el 8-76%), reducir el uso del agua (entre el 2-18%) y reducir la aplicación de nitrógeno y fósforo (entre el 18-50%). Esto permitiría que en 2050 se estuviesen produciendo alimentos para alimentar a 10.000 millones de personas dentro de los límites planetarios. Evidentemente, para lograr cambiar todo esto va a ser necesaria la implicación de muchos sectores y va a ser un proceso de años. Pero los consumidores, eligiendo dónde gastamos nuestro dinero, tenemos un poder enorme. Si millones de personas elegimos cambiar nuestros hábitos de consumo (por ejemplo dejando de comer carne, o comiendo sólo manzanas de agricultura ecológica), necesariamente forzaremos la modificación de los sistemas de producción. Cambiar lo que comemos realmente puede hacer del mundo un lugar mejor.

¿Desde cuándo se utiliza?

La dieta de la salud planetaria fue descrita por primera vez en un informe publicado por la Comisión EAT-Lancet en 2019. Esta publicación tuvo mucho impacto y rápidamente se convirtió en una de las referencias más citadas en nutrición y sostenibilidad. Sin embargo, a pesar de su repercusión a nivel académico, la adherencia a esta dieta en diferentes poblaciones (incluida España) es muy baja, es decir, que en la práctica “se utiliza” poco.

En octubre de 2025 se ha publicado una actualización del informe de 2019. En esta actualización se ha incorporado nuevas evidencias de cómo seguir este modelo dietético tiene impacto beneficioso para la salud de las personas, se han mejorado los modelos

predictivos que calculan los beneficios medioambientales de adoptar estas medidas y se ha incluiido el término de justicia alimentaria, que incluye el derecho de que todas las personas: tengan acceso a alimentos saludables y producidos de forma sostenible; puedan vivir en entornos limpios, sostenibles y saludables y puedan trabajar en condiciones justas y favorables.

Comprar cerca de casa, consumir productos de cercanía, elegir alimentos de temporada y ecológicos y comer menos carne, así como elegir la manera de cocinar no tirar comida, no usar plástico y reciclar son muchas recomendaciones… ¿Es preciso seguir a rajatabla todas estas recomendaciones que propone esta dieta?

En realidad, la dieta de la salud planetaria no contempla de forma explícita la mayoría de estas medidas. La única de estas recomendaciones que propone esta dieta de forma específica es reducir el consumo de carne. De hecho, la producción de carne, especialmente la de vacuno, es uno de los sectores con más impacto ambiental a nivel global. En su publicación de 2025, la comisión EAT-Lancet incorpora la reducción del desperdicio alimentario y las mejoras en la producción de alimentos como métodos fundamentales para alcanzar los objetivos que se proponen para 2050. Sin embargo, estas medidas están incluidas como intervenciones a nivel del sistema agroalimentario y no como recomendaciones directas para los consumidores finales. Si bien es cierto que todas las medidas enumeradas en el enunciado son la forma en la que, como consumidores, podríamos contribuir a reducir el desperdicio alimentario y promover una producción más sostenible de alimentos. Cuantas más de estas medidas seamos capaces de implementar en nuestro día a día, más estaremos contribuyendo a la salud del planeta, y más estaremos invirtiendo en nuestra propia salud. No es necesario hacer todas y cada una de estas propuestas desde el primer momento. Cada pequeño gesto cuenta. Se pueden ir adaptando los hábitos de consumo de forma progresiva, para que no resulte abrumador. Pero, como proponen los expertos que han creado la dieta de la salud planetaria, la contribución más significativa que podemos hacer cada uno de nosotros para cuidar el medio ambiente es comer más vegetales y menos animales.

¿En cuanto tiempo se empiezan a notar sus efectos y exactamente dónde?

Respecto a los beneficios medioambientales, se estima que la adopción de la dieta de salud planetaria tendría efectos inmediatos en la reducción de los gases de efecto invernadero, del uso del suelo y de los requerimientos de agua. A largo plazo, podría limitar el calentamiento global. Los modelos teóricos de la comisión EAT-Lancet calculan la magnitud del efecto que se estima de la implementación de sus propuestas (dieta de salud planetaria, mejora de la producción agroalimentaria y reducción del desperdicio alimentario) en los diferentes límites planetarios afectados por la producción de alimentos (emisión de gases invernadero, uso del suelo, uso del agua y aplicación de nitrógeno y fósforo) para 2050.Por ejemplo, si en 2050 hubiéramos reducido el consumo de productos animales al 50% del consumo actual, conseguiríamos detener por completo la deforestación. Desde el punto de vista de la salud, la persona que adopta esta dieta, especialmente si su punto de partida era una dieta occidental muy poco saludable (con muchos alimentos ultraprocesados, carne roja, muy pocos vegetales…) puede notar efectos en pocos días. Algunos de los beneficios que se asocian a mejorar la calidad de la dieta incluyen pérdida de peso, reducción de síntomas digestivos, aumento de los niveles de energía y mejora en la capacidad de concentración, entre otros. Evidentemente, hay otro tipo de beneficios, como la protección del riesgo cardiovascular, o la disminución del riesgo de mortalidad, que se manifiestan a largo plazo y no “se notan”, aunque efectivamente se producen.

¿Es decir, nosotros vemos sus efectos o solo los ve el planeta?

En realidad, a pesar de lo que da a entender su nombre, esta dieta fue diseñada en origen con el objetivo prioritario de mejorar la salud humana. El nombre procede de la evidencia de que adoptar este modelo dietético, además de tener un impacto en la salud de las personas, puede reducir el impacto medioambiental que tienen la mayoría de las dietas actuales. La literatura científica confirma que este tipo de dietas basadas en alimentos vegetales y con menos alimentos de origen animal son un “win-win” (todos ganan) porque tienen beneficios tanto para la salud de las personas como para la sostenibilidad de los ecosistemas. Quién opta por seguir este modelo dietético, en primer lugar está cuidando de su propia salud y además contribuye a cuidar el planeta.

¿Y qué ventajas tiene para nosotros?

Los efectos demostrados de adherirse a este patrón dietético son que reduce el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares (infarto, ictus…), diabetes, y reduce el riesgo de muerte por algunos tipos de cáncer (colon y pulmón), enfermedades respiratorias y enfermedades neurodegenerativas. En conjunto, seguir este tipo de dieta reduce el riesgo de muerte por cualquier causa. Los modelos teóricos que maneja la comisión EAT-Lancet calculan que la adopción global de esta dieta podría evitar 15 millones de muertes al año. Desde el punto de vista ecológico, estamos contribuyendo a que nuestros hijos hereden un mundo habitable.

Es para todo el mundo y de todas las edades?

En términos generales, en nuestro entorno, todo el mundo podría beneficiarse de este modelo dietético. Especialmente si la dieta de salud planetaria se adapta a un perfil de dieta mediterránea, es decir, basando la dieta en alimentos vegetales pero manteniendo un pequeño consumo diario de alimentos de origen animal. En este caso, también los niños y las personas mayores pueden seguirla. Sólo personas con necesidades nutricionales especiales (personas con enfermedades infecciosas, inflamatorias, enfermos renales, personas que estén siendo sometidas a un tratamiento oncológico, etc.) deberían consultar con un profesional de salud antes de realizar un cambio de dieta. Sin embargo, es necesario puntualizar que, puesto que esta dieta es una propuesta a nivel mundial, en determinados países o comunidades en las que haya inseguridad alimentaria la adopción de esta dieta puede ser complicada. Bien por dificultades al acceso de los alimentos, bien por el coste económico que supondría.

¿Tiene algún tipo de contraindicación?

El principal riesgo de esta dieta, desde el punto de vista de la salud, es que si se adopta como un modelo completamente vegano puede conducir a deficiencias de micronutrientes, fundamentalmente de vitamina B12, calcio, hierro y zinc. Esto obligaría a hacer una planificación dietética cuidadosa y, en muchos casos, sería necesaria la suplementación (por ejemplo con vitamina B12).En el caso de adoptar este modelo, las poblaciones vulnerables como niños, adolescentes, mujeres embarazadas o lactantes, ancianos o deportistas, necesitan supervisión profesional para evitar deficiencias.

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