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La casita

Publicado en La Razón

«No pretendamos que Bad Bunny nos arregle las contradicciones; tampoco que sea “sublime sin interrupción”»

El cantante llamado Benito, más conocido como Bad Bunny, además de ser un hombre comprometido con diversas causas justas, que reivindica en muchas de sus canciones, está tan orgulloso de sus orígenes que, en cada uno de sus multitudinarios conciertos internacionales, dedica una parte del escenario a reproducir una casita de las de su Puerto Rico natal. Como además le gusta entretener y divertir, llena esa casita de actrices, personalidades relevantes y chicas guapas de su entregado público. ¿He dicho guapas? Perdónenme por ser tan «machista». Y sí, lo entrecomillo, porque si todo es machismo nada lo es y el asunto es demasiado serio como para utilizarlo trivialmente. Que disfrutemos con la belleza, nos permitamos soñar o hasta nos desmadremos bailando canciones reguetoneras con letras poco ortodoxas, no nos hace menos defensores de los derechos femeninos. Ni somos perfectos ni vamos con la pancarta 24 horas al día…, pero le exigimos al cantante que lo sea, que escoja para su casita fans con una imagen más democrática y que oculte a sus vips –aunque nos encante verlos–, para olvidar que, como en todos los conciertos, se les privilegia, invitándolos. Y no solo; además queremos que aparte las canciones de sexo y provocación y se centre exclusivamente en las solidarias. Solo así será coherente… ¿Perdón? ¡Ni que fuera cantautor! Es un showman que, más allá de sus demostrados compromisos, pretende ofrecer un buen espectáculo y utiliza todas las herramientas para conseguirlo. Y debe de hacerlo bien, porque congrega a millones de personas de todas las edades, etnias, credos y condición. Pero es comprometido, no santo; tampoco el responsable de que en la sociedad existan privilegios. No más, que usted o que yo, que perseguimos la igualdad de oportunidades, aunque admiremos la belleza y sepamos que supone una ventaja, al igual que esa inteligencia superior que se requiere para entrar en la NASA… ¿Discriminan allí? Claro. Según las capacidades intelectuales. ¿Es menos grave alabarlas que las físicas, indispensables, también, en el deporte o la policía…? El cantante ha zanjado la polémica metiendo gente corriente en la casita. Bien por él. Pero no pretendamos que Bad Bunny nos arregle las contradicciones; tampoco que sea «sublime sin interrupción». Aunque Baudelaire insistiera en que había que serlo, hasta el momento, nadie lo ha conseguido.

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