Publicado en La Razón
Recuerdo bien el día que me examiné de selectividad. Durante todo ese año, a mis 8 horas diarias de trabajo como administrativa, tuve que sumar las clases de COU por la noche. Un esfuerzo ímprobo, para mis 18 años, al que me sometí porque mi padre se negó a pagarme los estudios de periodismo.

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