Publicado en La Razón
En mi casa no se habla de otra cosa. Las llamas que devoran la Amazonia brasileña nos han dejado las conversaciones castradas. A mis hijos solo les preocupa el futuro de un planeta cuyos pulmones arden, sin remedio, mientras al presidente del país al que pertenecen, solo parece querer enzarzarse con quienes ponen voz al dolor del mundo entero, como Emmanuel Macron.

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