Publicado en La Gaceta de Salamanca
No quiero que en mi nombre se destroce el lenguaje. Ni que se determine por ley que todos los varones de este mundo son seres perversos. Ni que se considere que todas las mujeres somos buenas solo por serlo igual que antes éramos sospechosas por lo mismo; tampoco que me obliguen a aborrecer cualquier película en la que la mujer no tenga un papel preponderante, ni que en la literatura no se pueda escribir de los defectos y vilezas femeninos. ...seguir leyendo


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