Solemos pensar que las tragedias siempre tienen un malo cuando no las causa la naturaleza. Pero no siempre es así. La Providencia, el destino o cualquiera de esos misterios sobre los que, pasados los siglos, seguimos desconociéndolo casi todo, a veces están detrás de esos sufrimientos que no pueden describirse con palabras.
Publicado en La Gaceta de Salamanca

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